Retiro Espiritual de Cuaresma

Me atrevo a cambiar: La Pascua comienza en mí, fue el llamado que en este encuentro hizo Monseñor Juan Álvaro Zapata a los más de 350 fieles que se dieron cita en este retiro parroquial.

En una primera charla, nuestro párroco hizo énfasis en volver al corazón, tener estos 40 días para reflexionar, interiorizar y ver la cuaresma como un llamado a la conversión.
Preguntarse lo que nos aleja del Señor, lo que nos hace duros de corazón, las excusas que ponemos y, especialmente, tomar acción en lo que debemos hacer para generar ese cambio.
En un segundo momento, monseñor habló de lo que la Cuaresma espera de cada uno de nosotros.
El desierto interior revela algo que no hemos visto o no hemos querido ver. Por eso, debemos autoevaluar nuestras vidas y determinar qué campos debemos replantear, dijo.
"Uno debe aprender la palabra de Dios para vencer obstáculos, la tentación y especialmente al mal", añadió nuestro párroco.
Recordó que lo material puede solucionar parcialmente la vida, pero si por dentro no somos felices y no hacemos felices a quienes están con nosotros, entonces hemos desperdiciado tiempo y oportunidades.
Monseñor indicó que las tentaciones deben ser combatidas en nuestras vidas: el poder, la indiferencia, el consumismo y la idolatría.

La cuaresma nos propone tres temas:
El ayuno, que no es dejar de comer por un día, es dejar de comer algo que nos haga daño y hacerlo de forma permanente, y que ese acto vaya amarrado al crecimiento de una virtud.
La oración para aprender a escuchar, porque orar es hablarle a Dios y escucharlo a través de su palabra.
Y la limosna, que es dar de lo que nos cuesta, no de lo que nos sobra.
Las virtudes que debemos trabajar son: la templanza y la fortaleza.
La cuaresma no espera grandes promesas, sino hechos concretos en nuestras vidas: ahora, hoy y aquí, puntualizó monseñor Juan Álvaro.
